Veintisiete.

La sensación de tener todo el cuerpo cubierto de adrenalina, de sentir el corazón bombeando con fuerza, sentirlo casi en la garganta, a punto de salirse por la boca.
En resumidas cuentas: la sensación de sentirse viva.
Creo que hay pocos sentimientos que igualen a ese, el de ver cómo todo fluye por sí solo, una carcajada limpia y sincera por algún rincón que llega a mi tímpano ahora mismo, una mirada eterna en la que cualquiera se pierde, un abrazo que divide el peso sobre cuatro hombros.
Una flor. Una nueva rosa ha crecido en el jardín, la primavera ha llegado hace más de un mes, pero es solo ahora cuando su blanco es el más puro y elegante. Solo ahora. Y yo, fíjate, me estaba dando cuenta mientras otros tantos, pasaban de largo e, incluso la pisaban, haciéndola daño.
Deberíamos fijarnos más en todo, en las paredes que nos rodean, en el suelo que pisamos, en el Sol que nos ilumina, en las estrellas que brillan, en los bonitos y pequeños detalles que a veces se nos escurren de las manos, que creemos que no merece la pena alcanzarlos.
Vamos, muévete, salta y cógelos.
A veintisiete de abril, miércoles.

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