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Mostrando entradas de agosto, 2017

Cuando esperas tan poco y te dan tanto:

No hay nada más bonito que alguien te enseñe el universo entero cuando tú sólo esperabas un mundo, que te enseñen el mar cuando tú sólo mirabas dentro de una caracola para escuchar su sonido, que te enseñen todas las estrellas cuando tú sólo mirabas una constelación, que te enseñen que para volar no hacen falta alas, que se puede reír con la mirada, ser feliz con poco, querer con todo, soñar con el alma, arriesgar y ganar, perder y aprender, bailar bajo la lluvia y no mojarte, encontrar la Luna en tu sonrisa, conseguir todo lo que uno se proponga, sonreír hasta que duelan las mejillas, gritar a pleno pulmón y no quedarse afónico, disfrutar, y, sobre todo, vivir; así que llénate de todo lo que necesites y aprovecha la oportunidad que nos brinda cada segundo del día para ser felices.
A dieciséis de agosto, miércoles.

Ese instante (ojalá sepas del que hablo).

Qué bonito es ese instante en el que sientes que absolutamente todo está conectado, que todo está donde debe estar, como cuando el cielo se da la mano con el mar, como cuando las olas se deshacen contra los acantilados, como cuando cae la última gota de la tormenta, como cuando aparece un arco iris en el rincón más escondido, como cuando una sonrisa aparece de la nada, como cuando una risa estalla en el más absoluto silencio, como cuando unes todas las estrellas del firmamento a tu antojo, como cuando una mirada lo dice todo sin palabras, como cuando escuchas una canción que te llena con cada acorde, como cuando el viento sopla y te revuelve el pelo dejándote el sabor de la libertad, como cuando te entran los nervios antes de verle, como cuando dejas vía libre a tu imaginación y a tus sueños, como cuando eres capaz de hacer feliz, como cuando decides vivir y parece que ese instante del que hablaba antes, consigues hacer que se vuelva infinito.
A nueve de agosto, miércoles.