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Mi favorita:

Miradas con sabores dulces.

Qué capacidad de sintetizar la vida tenéis aquellos que únicamente pensáis que lo importante es el color de ojos, que el azul es mucho más bonito que el verde o que el marrón está por encima de cualquiera. Pero, ¿qué hay de la luz de la mirada? De ese fuego que arde dentro de cada uno prendiendo cada roce y cada instante, descubriendo un universo entero en una pequeña pupila en la que uno puede perderse sin límite de veces, en la que podemos bailar incluso cuando no nos sepamos los pasos, en la que podemos cantar tan alto como queramos, en la que podemos sentirnos libres siempre. Qué bonito eso de ver brillar la mirada, de fijarse en cómo se enciende cuando hablamos de nuestro libro favorito o cómo se ilumina con cada carcajada que ha sido guardada hasta que no podíamos más y estallamos.  Estallamos y nos prendemos enteros, aunque era algo único porque ese fuego no quemaba, solamente nos encendía hasta hacernos brillar más fuerte que el Sol. Quédate con esas miradas en las que puedas …

El mar en calma nunca enseñó cómo navegar:

He escuchado que todo está a punto de arder.
Lo siento en el alma.
Cómo se resquebraja para soltarlo todo en un áspero suspiro.
Justo en ese instante en el que todo estalla, todo es tormenta, ruidos de truenos, destellos de relámpagos y miedos rotos por los rayos.
Los sonidos revientan los tímpanos y nuestros ojos resplandecen llenos de color.
Y, de repente, nada. Silencio. Calma. Tranquilidad.
De vuelta a escuchar el oleaje en calma y la Luna brilla con más fuerza que nunca, reflejándose llena y orgullosa sobre el agua.
La arena húmeda se cuela entre los dedos de mis pies, tímida y a la vez sin vergüenza. Respiro hondo y me da la sensación que las piezas del puzzle vuelven todas a encajar a la perfección.

Lluvia y otoño:

Domingos con sabor a domingo.
No llueve, pero la humedad se respira en la habitación.
Ya no hace tanto calor ni se necesitan abrir las ventanas, el frío se cuela por cualquier resquicio e inunda todo.
Congela hasta los sentimientos que están más al fondo del corazón.
Los atrapa, los envuelve y hace que pesen. Como si dolieran y eso nos impidiera levantarnos.
Llega el otoño con fuerza y la caída de las hojas se tiñe un tanto nostálgica.
Y mientras la lluvia empieza a golpear con fuerza los cristales, me imagino la alegría con la que la primavera llegará este año, pintándonos la vida y el alma de colores.

Rarezas inusuales:

Caos.Desastre.Destrucción.No saber dónde ir, ni dónde estar y tampoco dónde encontrarte a ti mismo.Pero, aun así, a veces el caos nos ordena la vida.

A punto de:

Somos un terremoto a punto de reventar.Una carcajada a punto de estallar.Una buena noticia a punto de inundar y bañarte de alegría.Somos justo el instante de antes en el que miras los labios antes de rozarlos. Y de repente, los besas y ya no puedes deshacerte de ellos nunca.Te quedas impregnado de su sabor, de su textura, de su forma. De la otra persona. Te cala hondo y ya no eres capaz de olvidarte.Y, en ese momento, te das cuenta de que no puedes frenar todas las emociones que están revoloteando dentro de ti y te revuelven, haciéndote incapaz de no ser feliz.

El viento me ha susurrado que la vida tiene sentido:

A veces se habla del sentido de la vida a las tantas de la madrugada, con unas copas de más y viendo el amanecer encima del parabrisas de un coche.
La conversación quizá empezaría con un: "y tú, ¿crees que la vida tiene sentido?" Mientras esa persona mira al cielo fijándose en cómo las estrellas se unen entre sí para formar constelaciones.
Yo respondería que sí, que la vida tiene sentido siempre. Tiene sentido cuando escuchas "por favor y gracias", cuando un bebé se ríe, cuando dos desconocidos se miran curiosos, cuando alguien ofrece a ayuda a otro de forma desinteresada, cuando unos ojos te miran y se te para el mundo, cuando estás a gusto contigo y con los demás, cuando eres feliz, cuando te vas a dormir y únicamente repasas momentos buenos en el día. Pero, por supuesto que también tiene sentido cuando todo va mal, cuando va cuesta abajo y eres incapaz de frenar. Porque, justo ahí, coges tanta velocidad, vives deprisa, pero siempre tendrás a alguien que se una c…

El Norte ya no es mi guía:

Mirar más allá, justo al fondo del horizonte, donde las pupilas no alcanzan a bailar con la luz y tenemos que dejar libre la imaginación.
Liberarla de las cadenas de la represión.
Llegar a lo inimaginable.
Surcar las nubes y el mar.
Y navegar.
Sin brújulas y sin rumbo, dejándonos llevar por el vaivén de las olas.
Y, sobre todo, guiándonos por nuestras ganas de vivir.

Hablando de mí:

Me gustan los reflejos en los cristales, las sonrisas sinceras, los besos suaves, el optimismo que se puede respirar en el ambiente y vivir.
Vivir intensamente.
Con dirección o sin ella.
Perderme y encontrarme continuamente.
Me da igual la música, lo único que quiero es seguir bailando y soñar alto.
Y así, volar siempre libre.

Conviértete en letras:

Sé un poema, palabras que vuelan hasta los corazones para llenarlos del mensaje, versos libres que hagan entender el verdadero significado de la vida y, sobre todo, di lo que lleva queriendo brotar de tu garganta tanto tiempo. Déjalo estallar y que abrase el fuego, que arranque con toda la velocidad posible y que inunde a todo aquél que pille por el camino. Pero, por encima de cualquier cosa, procura dejar huella allá donde vayas y nunca cicatrices.