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Mi favorita:

Miradas con sabores dulces.

Qué capacidad de sintetizar la vida tenéis aquellos que únicamente pensáis que lo importante es el color de ojos, que el azul es mucho más bonito que el verde o que el marrón está por encima de cualquiera. Pero, ¿qué hay de la luz de la mirada? De ese fuego que arde dentro de cada uno prendiendo cada roce y cada instante, descubriendo un universo entero en una pequeña pupila en la que uno puede perderse sin límite de veces, en la que podemos bailar incluso cuando no nos sepamos los pasos, en la que podemos cantar tan alto como queramos, en la que podemos sentirnos libres siempre. Qué bonito eso de ver brillar la mirada, de fijarse en cómo se enciende cuando hablamos de nuestro libro favorito o cómo se ilumina con cada carcajada que ha sido guardada hasta que no podíamos más y estallamos.  Estallamos y nos prendemos enteros, aunque era algo único porque ese fuego no quemaba, solamente nos encendía hasta hacernos brillar más fuerte que el Sol. Quédate con esas miradas en las que puedas …

Luces e ilusiones.

Y qué bonito es que una persona sea capaz de iluminar su camino y el tuyo a la vez, con tal de guiarte y que no te caigas, con tal de que siempre tengas una luz que te mantenga en pie y que, así, no te pierdas. Qué bonito es también encontrar personas dispuestas a sacrificar su propia luz con tal de alumbrar al resto, personas dispuestas a darlo todo por los demás casi sin dejar nada para sí mismos porque así iluminan todavía más que el Sol cuando es de día y más que las estrellas y la Luna unidas de la mano cuando es de noche. Esa luz que llega de golpe, como un foco en medio de toda la oscuridad y es exclusiva para ti, para que no te sientas solo y que nunca se te olvide que tienes a alguien pendiente para cuidarte. Esa luz que se encuentra en la mirada de cualquiera que habla de todo aquello que le gusta, con ese entusiasmo tan característico de cada uno que le ponemos a todas esas cosas que nos encantan, a todos esos libros, ciudades, rincones e incluso personas que nos llenan de…

25.

Y cuántas historias se esconden detrás de los libros, de cada pincelada de los millones de cuadros que podemos encontrar en cualquier museo, de cada verso, de cada beso, de cada sonrisa, de cada "gracias".
Cuántas historias perdidas en el recuerdo, perdidas en el inmenso océano de la memoria, que de vez en cuando nos trae imágenes concretas con el vaivén de sus olas.
Cuántas historias que se pierden con cada ráfaga de viento y vuelven a casa en forma de huracán.
Cuántas historias perdidas por Madrid. Porque, siendo sinceros, perderse es más fácil de lo que parece, salir por cualquier boca de metro que a saber dónde nos lleva, buscamos las placas para saber en qué calle estamos, pero no conseguimos encontrarnos. Seguimos dando vueltas y vueltas, hasta que nos mareamos.
Perderse es demasiado sencillo, pero quizá encontrarse lo sea mucho más todavía.
Nos vemos de nuevo y salimos en nuestra propia busca, corriendo con las ganas que siempre se tienen al principio: da vueltas, bai…

21:47.

Vi la vida con más colores que nunca, sentí a las estrellas brillando dentro de mí, a la Luna sonriéndome con la ternura con la que unos enamorados se miran entre sí, al Sol iluminándome todo el camino por delante y al mar susurrándome suavemente al oído para que me durmiera cuanto antes.
Aunque, esa noche no quería abandonarme a los brazos de Morfeo, quería tener la mirada puesta en cada detalle y era incapaz de pasar por alto aquella cantidad de casualidades o de imaginaciones que rondaban mi cabeza en aquel instante.
Quería detener el tiempo, buscar la manera de agarrar la aguja del reloj y hacer que no se moviera nunca, parar la vida y así sentir cómo puedo congelar ese momento durante todo el tiempo que yo quiera. Sin embargo, ¿qué sería de la vida si no siguiera su curso? ¿A dónde iríamos nosotros si parásemos nuestro tren solamente para ver el atardecer en el que el Sol se refugiaba todos los días?
Y fíjate si había días por delante, si cada atardecer era único, si nosotros lo …

Último día del año.

Este año ha estado repleto de cambios, de momentos nuevos empezados siempre con un poco de miedo, con un poco de timidez incluso, pero con las ganas de aventura, con el optimismo y con la ilusión siempre presentes. Sin olvidarse de disfrutar cada momento como si fuera el último, sin perderse cada una de las sonrisas que se esconden aunque con fijarse un poco era suficiente, sin dejarnos a nadie por abrazar con el alma, sin acostarnos antes de las doce porque nos quedamos bailando hasta las tantas, sin negar un bonito gesto que nos sale desde lo más profundo de nosotros mismos. Y por supuesto siempre acordándonos de sentir la libertad en cada soplo del viento que nos removía el pelo, de darle la importancia necesaria a las únicas cosas que las tengan, de darlo todo por los que siempre están y de por supuesto ser feliz. ¡Benditos cambios!
Afrontemos los nuevos retos aunque el viento sople en contra, aunque el oleaje esté salvaje, tomemos el timón de nuestro propio barco y dirijámonos hac…

Sensaciones.

Qué bonita sensación la de pasear con la noche encima, la de sentir los granos de arena revoltosos por la planta de los pies, la de soltarse el pelo y sentir cómo revolotea en todas las direcciones, saber que va a acabar enredado pero en ese momento no importa nada más que esa sensación de aquel instante.
Esa sensación que de vez en cuando nos recorre enteros, quizá en algún tren perdido, a lo mejor al ver recuerdos encerrados en una caja que cuando la abrimos iluminan toda la habitación o incluso al escuchar una canción que nos dé las ganas y la ilusión que en determinadas ocasiones faltan.
Aunque, no hay mejor sensación que todo esto se repita día sí y día también, así que llénate la cabeza de ideas locas, de carcajadas, de ilusiones y de sueños y lucha contra viento y marea para que el corazón sonría siempre.
A ya veintidós de diciembre, jueves.

Magia.

Igual la magia sí que existe: en la magia de los comienzos, en la primera sonrisa, en el primer hola, en la primera broma, en el primer guiño de ojos, en el primer beso, en los primeros.
Por supuesto que también tenían magia los finales, en cómo devoramos las últimas páginas de nuestro libro favorito, cómo las lágrimas no paran de salir después de cerrar el cajón de nuestros recuerdos o después de recordar a aquellos que ya no están.
Pero, encuentra y rodéate de aquellos que sepan encontrar y hacerte ver la magia de los intermedios, de los días comunes, de la rutina, de los que sepan hacerte feliz sea como sea, empleando todas y cada una de las herramientas que tengan.
A dieciséis de diciembre, viernes.

Poesía.

Y qué bonito que seamos capaces de encontrar poesía por cada rincón que pasemos, por cada gota que cae sobre ese chubasquero amarillo, por ese humo del café que se escapa subiendo hasta las nubes, por cada sonrisa perdida en algún domingo de otoño, por todas esas calles inundadas de hojas y llenas de colores marrones y ocres.
Encuentra poesía allá donde vayas, quizá algún dibujo que te inspire, un gesto sencillo pero detallista, un guiño de ojos entre dos desconocidos, aunque, sinceramente, para poder encontrar algo había que empezar por crearlo.
Así que, sé valiente y échale un órdago a la vida: sé poesía.
A dieciséis de diciembre, viernes.