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Mi favorita:

Miradas con sabores dulces.

Qué capacidad de sintetizar la vida tenéis aquellos que únicamente pensáis que lo importante es el color de ojos, que el azul es mucho más bonito que el verde o que el marrón está por encima de cualquiera. Pero, ¿qué hay de la luz de la mirada? De ese fuego que arde dentro de cada uno prendiendo cada roce y cada instante, descubriendo un universo entero en una pequeña pupila en la que uno puede perderse sin límite de veces, en la que podemos bailar incluso cuando no nos sepamos los pasos, en la que podemos cantar tan alto como queramos, en la que podemos sentirnos libres siempre. Qué bonito eso de ver brillar la mirada, de fijarse en cómo se enciende cuando hablamos de nuestro libro favorito o cómo se ilumina con cada carcajada que ha sido guardada hasta que no podíamos más y estallamos.  Estallamos y nos prendemos enteros, aunque era algo único porque ese fuego no quemaba, solamente nos encendía hasta hacernos brillar más fuerte que el Sol. Quédate con esas miradas en las que puedas …

Rimarnos.

Inundarnos por dentro, llenar el alma, olvidar el vacío interno. Recordar lo bonita que es la vida cada mañana, al despertar, según abramos los ojos no dejemos de soñar.
Y volar. Lo más alto que podamos. Imaginación o realidad. Recuerdos felices de momentos eternos que se dan la mano para no separarse jamás.
Y gritar. Soltar todo lo que llevamos dentro.
Y una vez que hayan estallado los pulmones de ganas de vivir, volvernos a llenar otra vez de futuros, olvidándonos del pasado por un rato y listos para ser presente siempre.
A nueve de mayo, miércoles.

¿Me acompañas?

¿Hasta qué punto la realidad es real y no ficticia?
¿Son acaso los sueños irreales por no encontrarse en la dimensión del despertar?
¿Es siempre real y nunca ficticio lo que vemos, sentimos u oímos aunque las apariencias engañen?
¿Dónde está el límite entre lo que podemos imaginar y soñar frente a lo que podemos hacer? Pero, ¿hay siquiera límite que nos separe, que nos divida?
¿Hasta qué punto estaría alguien dispuesto a llegar para atravesar la barrera (si hay) entre lo ficticio y lo real?
Haya o no haya, yo no puedo quedarme con esta duda que me corroe por dentro. Estoy más que dispuesta a resolverlo, ¿me acompañas?
A doce de febrero, lunes.

Anatomía de un abrazo:

Un abrazo se define como el acto de rodear con los brazos a alguien o también cuando dos personas entre sí lo hacen como muestra de afecto, felicidad (y otros tantos sentimientos que impliquen acercamiento).
Sin embargo, quizá vaya más allá, quizá sean esas ganas de querer sentir a alguien cerca (físicamente hablando), de querer tener los corazones más unidos entre sí a la vez que se dan la mano y laten al mismo compás, bailando bajo la Luna y en el borde del precipicio.
Quizá abrazar a alguien sea sentirse como en casa, como cuando entras por la puerta y sientes el calor de la acogida, como cuando alguien te sonríe y te das cuenta de lo maravillosa que es la vida.
No sabría muy bien cómo definir un abrazo en sí, pero, lo que sí que tengo claro, es que te llena por dentro, inundándote de optimismo y de ganas de vivir.
A viernes 9 de febrero.

Y que reviente el mundo.

Y que reviente el mundo, que nos estallemos por dentro, que expulsemos todo, que gritemos a viva voz hasta quedarnos sin respiración y agotar a nuestros pulmones, que corramos hasta que sintamos arder la garganta y al corazón casi saliéndose del pecho, que bailemos toda la noche y que el Sol nos pille bailando, que riamos hasta que nos duelan las mejillas, que saltemos tan alto que rocemos las nubes con las yemas de los dedos, que soñemos hasta donde nuestra imaginación nos deje, que saltemos los charcos y empaparnos enteros, que sintamos la vida recorriéndonos por dentro y dejándonos llevar por las ganas y el optimismo.
A ocho de diciembre, viernes.

Tú y el mar, el mar y tú.

El mar me hace sentir la libertad. Me siento libre cuando me sumerjo hasta el fondo y noto ese toque sabor a sal en tus labios al besarte.
También siento que puedo devorar al mundo cuando el viento sopla tan fuerte que me revuelve el pelo a su antojo, unos mechones hacia el Norte de la brújula y otros hacia el Este. Parece que la libertad incrementa a medida que el aire sopla con más fuerza, tanta, que llega a reventar las olas con cada vez más ganas. Choca contra las rocas de los acantilados, desgastándolas con cada ida y venida.
Es el mar a quien escucho en las caracolas que coloco en mi oído.
Es el mar el que me hace sentir con la libertad dentro de mí.
Es el mar al único que puedo disfrutar en la playa, cuando la tímida arena se cuela por los huecos de mis dedos.
Sin embargo, tú consigues llenarme de tantas ganas (o más) con el simple hecho de sonreírme mirándome a los ojos mientras me das la mano.
A dieciocho de octubre, miércoles.

Once.

Hoy, día once de octubre, he experimentado (de nuevo) lo bonito que es estar viva.
Sonreír mucho. Bueno, mucho no, muchísimo, que nunca está de más y siempre tiene cierto toque optimista que ilumina el día del resto.
Correr y sentir el alma ardiendo por dentro, cómo las pulsaciones se aceleran y notar cada contracción del corazón, cómo late cada vez más rápido, cómo tu respiración se revuelve y forma un huracán.
Un huracán de energía y buenas vibraciones que te inundan por dentro, llenándote de ganas de seguir hacia delante, de afrontar lo que venga y, sobre todo, de ser feliz.
Ser feliz y transmitirlo, a quien sea, como sea, logrando ser el cambio que quieres ver en el mundo.
Dame la mano, vamos a intentarlo, seguro que no es tan difícil.
A once de octubre, miércoles.

Mar.

Es como la ola del mar que intenta alcanzar las estrellas, que intenta devorar la Luna, creyéndose que únicamente sirve con ir a por su reflejo.
Intenta alcanzarlas, reventándose contra las rocas afiladas de los acantilados, como si fueran los dientes de un lobo. Sabiendo que, inevitablemente, acabará deshaciéndose en la arena que se nos cuela entre los dedos de los pies al caminar, dejándola mojada una cuestión de segundos.
Sin embargo, no se da por vencida, vuelve a por ello siempre, poniéndose de vez en cuando más y más furiosa, alcanzando incluso 10 metros, soñando que viaja por el cielo, quedándose en las nubes y tirándose en caída libre en forma de gotas cuyo objetivo es llegar al suelo.
A veintisiete de septiembre, miércoles.