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Mostrando entradas de noviembre, 2016

Luz.

Seamos luz, alumbremos casi más que las farolas que encontramos a nuestro paso en los barrios de Madrid cuando la noche está sobre nosotros y brillemos por nosotros mismos incluso más que el Sol. Muchos pensarán que esa luz se encuentra escondida en algún recoveco del alma, pero, yo les contradigo y creo que se transmite más fácil de lo que creemos: con una simple mirada en la que dos pares de ojos, cada cual con su retina y pupila se encuentran y niegan a apartarse. Quizá de ahí que se escuche en las barras de los bares que no es muy difícil perderse en las miradas, bucear hasta el fondo y encontrar tesoros que hasta ese momento nadie había descubierto. Otros tantos preferirán guardarse esa luz para ellos mismos, para brillar más que nadie en esos días en los que el cielo se encapota y las nubes predominan allí arriba. Pero, si os soy sincera, nada como compartir este brillo único que todos tenemos y regalarlo sin pedir nada a cambio. A veintisiete de noviembre, domingo.

Enamorada de:

Estoy enamorada de la vida, de las vueltas que da, de los atardeceres en los que de fondo sonaba el oleaje del mar Mediterráneo, de las noches en las que las estrellas se peleaban con la Luna para ver quién brillaba más, de los amaneceres en los que el Sol salía con más fuerza que nunca, de los paseos por la playa en los que la arena se colaba revoltosa entre tus dedos de los pies, de las conversaciones que cobraban sentido a las tres de la madrugada, de los recuerdos que nos llenaban el corazón de una alegría un tanto nostálgica, de las carcajadas que nos hacían sonreír quisiéramos o no, de la mirada que establecía una conexión entre dos personas, de la fauna y de la flora, de las canciones que nos subían el ánimo y nos hacían bailar hasta que nos faltaba el aire, de los abrazos en los que lo único que quieres es escuchar el latido del otro, de las sonrisas más sinceras, de los buenos momentos, del optimismo, de las ganas, de los momentos grises en los que los que están siempre hacen…

Veintiuno.

¡Qué alegría, qué buen día!
Hoy esta siendo un día maravilloso, de estos que de tanto sonreír te llegan a doler los mofletes, pero, oye, que si es por estar feliz, que duelan todo lo que sea necesario.
Hoy me doy cuenta de lo bonita que puede llegar a ser la vida y sobre todo, si tienes gente que te haga verlo. Hoy tengo que dar las gracias una y otra vez a todo el mundo que hace posible que la rutina no sea tan pesada, que la ilusión y las ganas estén al alcance de mi mano.
Pero, ¿sabéis qué sensación es increíble también? El ser feliz y poder transmitirlo, el hecho de ser capaz de llenar la habitación de optimismo y buenas vibraciones al escuchar tantas carcajadas, al sentirse a gusto con todo aquel que te rodea.
Sonríele a la vida que son dos días y ya llevamos uno.
Venga, rodéate de quien merezca la pena y ya verás como ves todo de una manera más sencilla.
Los grises se tiñen de verde esperanza y esa luz nunca te deja de guiar en el camino.
Con una sonrisa impecable, a veintiuno de…

'I believe in you', Michael Bublé.

Quizá todo se base en confiar, en creer, en saber que al final todo irá bien, sentirnos en paz y acorde cuando suena nuestra canción favorita o cuando sentimos el ritmo recorriéndonos enteros haciendo imposible el hecho de que no bailemos. Qué fácil era sentirse así con la música sonando de fondo, con carcajadas que llenaban la habitación, con miradas que sonreían por sí solas, con ánimo que llegaba de todos lados. Hoy no vengo a decir que la vida está pintada de mil colores ni que todos los días son espléndidos, pero, sí que nosotros éramos, somos y seremos importantes. Quiero decir que uno podía quedarse con ese gesto que vio en el metro o con la cantidad de veces que se ha tropezado en dos escasas horas.
Seamos capaces de confiar, de dejarnos sorprender, de olvidarnos de los planes preestablecidos dejando a la vida que siga su curso, que vaya por donde ella quiera que nosotros la seguiremos a pesar de que en los altavoces no siempre la canción que nos guste. Aunque, igual ahí est…

Hacía mucho.

Hacía mucho de un momento difícil, de un segundo amargo, de un no poder sonreír con la amplitud y ganas de siempre, hacía mucho.
Pero, la vida es así de caprichosa, cuando tienes todo, algo te quita y cuando no tienes nada, algo te da. Sin embargo, ¿qué sería de nosotros si no nos lo tomáramos con humor?
Muchas veces he escuchado lo de "mejor reírse, es lo más serio", aunque haya momentos en los que no apetezca, en los que lo único que quieres es desaparecer por un rato o volver atrás en el tiempo para revivir recuerdos.
Pero, ¿qué pasa cuando todo es gris y ya no hay colores con los que llenar el dibujo?
Ahí, justo en el momento más complicado, sé tu color favorito y deja que los demás también lo sean, que rellenen tu hoja con todas las tonalidades de verdes, azules, amarillos, rojos, morados posibles.
Hacía mucho de un momento difícil, pero, ¿quién ha dicho que no seamos capaces de superarlos?
A 17 de noviembre, jueves.

Soñar despierto.

Hay un momento en la vida en el que comprendes que no hacen falta alas para volar. Algún que otro se reirá como si fuera algo lógico pensando que hablo de alguna máquina que alce el vuelo tan alto, o incluso más que los pájaros.
Pero, qué va, sentiría la vida de manera muy superficial si creyera que todo se basa única y exclusivamente en lo material.
¿Dónde os habéis dejado los sueños? ¿Los habéis soltado por el camino por miedo a que no se cumplieran después de pedirlos tantos años al soplar las velas? Estoy hablando en segunda persona porque, ahora mismo, me niego a dejar que mis sueños no me hagan volar, quiero dejar que me hagan sentir que rozo las nubes con las yemas de los dedos hasta que prácticamente me zambullo en ellas como si fueran piscinas de algodón.
Ojalá ese momento del que te hablaba al principio de este texto llegue justo ahora o quizá llegue yo tarde y ya te hayas dado cuenta.
A quince de noviembre, martes.

Sonrisas y caminos.

Qué imprescindible que la sonrisa combine con todo, ya sean unos vaqueros, unos calcetines chillones o un pintalabios rojo.
Te prometo que no había momento en el que no quedara bien, es más, nunca venía mal: una sonrisa limpia y sana de apoyo moral, una sonrisa sincera al ver un pequeño detalle, una sonrisa. No pido más. Aunque, si no os miento, ya era mucho. No siempre eran tan transparentes y simples como os quería hacer ver hace escasos segundos. Pero, ¿acaso era tan complicado? ¿O éramos nosotros con nuestras incansables limitaciones?
Siempre preferíamos seguir al rebaño, pisar las mismas pisadas que ya habían caminado por ahí para ir sobre seguro, jamás salirnos de las vías porque ellas nos señalaban la dirección correcta.
¿De verdad no vas a elegir por ti mismo y así ser plenamente libre? ¿De verdad no quieres saber cuál es la sensación de correr y sentir el viento entre tu pelo, sacudiéndolo con la fuerza de un huracán?
Muchos pensarán que estoy loca, que me equivoco, que todos…

La vida.

Qué bonita es la vida como para dejarla pasar sin más, qué importante darse cuenta de lo que merece la pena, aprender a disfrutar con lo más mínimo, saber sonreír en los peores momentos para en los más felices estar más radiante que nunca.
¡Que la risa cura todo! Ríe hasta que te duelan las mejillas, hasta que te quedes sin aire y ya no te suenen las carcajadas.
No sabemos el valor de las cosas hasta que las perdemos o, bueno, eso es lo que se dice, contradícelo, sé la excepción que anula la regla y aprende a querer todo y a todos los que tienes antes de que sea tarde. Vamos, que no es tan difícil.
En resumen: valora y sonríe siempre, sin parar. Que sin el optimismo y la ilusión, estamos más que perdidos. Y, si por algún motivo te sientes sin saber a dónde vas, mete la mano en tu bolsillo izquierdo y saca la brújula que todos llevamos dentro. Que apunte al punto cardinal que apunte, adelante.
A nueve de noviembre, miércoles.

Pupilas, iris, colores.

Qué importante son las miradas y, cuánto dicen. Fíjate bien, que a veces sonríen sin que hagan falta sonrisas, a veces lloran sin que se necesiten lágrimas.
Lo único necesario era perderse en ese agujero negro que era la pupila y, que, a veces, pasaba desapercibida con el iris. Se fundían la una con el otro, dándose la mano sin cortarse ni un pelo, siendo libres y corriendo en contra del viento.
Vamos, mira todo lo que está a tu alrededor, disfruta de ello, dejando que los colores te llenen, que tus ojos se impregnen de esos ocres que rodeaban e iluminaban nuestro mundo, que estaba plenamente repleto de millones de variedades de círculos cromáticos.
A tres de noviembre, jueves.

Arte.

Imagen
El arte también puede encontrarse por las calles, en cada cafetería con sus sillas amarillas colocadas al fondo de esa esquina, en cada pincelada sin que hubiese sido dada en un lienzo para que fuera enmarcado, en cada verso con rima asonante escrito en el suelo, en cada dibujo que alguien pintaba en medio de la calle sobre toda esa gente que cruzaba el paso de cebra o en aquella mezcla entre naranja y amarillo que expresaba el atardecer que iba a tener lugar dentro de una escasa media hora.
Estamos completamente rodeados de arte, de poesía, de versos, de música, de cine, de escultura, de letras, de fotografía, de dibujos, de auténticas maravillas que no todos veíamos.
Sé diferente y adéntrate en el mundo de la imaginación. Vamos, pasa, que la puerta siempre está abierta.
A uno de noviembre, martes.