Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2016

30 de marzo.

El tiempo no corre, si no vuela. Éramos tan ilusos que creíamos que en algún momento podrías pararlo hasta el punto de hacerlo infinito. Aunque, igual sí que lo conseguimos. Realmente las fotografías eran como una tomadura de pelo, era poder captar un instante, a alguien, quizá a alguien que ya no está, un paisaje, una carcajada en su mejor momento.
A pesar de eso, queríamos atraparlo siempre y, estaba claro, que las fotografías ya no nos eran suficiente para lograrlo.
Sin embargo, la sensación de estar viviendo un momento que no quieres que acabe porque llega otro nuevo, no era del todo correcta. De hecho, deberíamos sentirnos infinitos, como aquel que dice. Esa sensación de estar escuchando tu canción favorita que dura 3:33, quizá bailando en frente del espejo y sonriendo como si te diera igual lo que pasa alrededor por un momento, quizá gritando a pleno pulmón en un coche llendo a 100km/h y sintiéndote que el mundo es tuyo por unos instantes. Porque, al fin y al cabo, cada uno tien…

Cada uno es de sí mismo.

Tú no eres mío, ni yo soy tuya. Yo soy mía y de nadie más.
No sé en qué momento empezamos a atribuirnos personas, como si acaso fueran nuestras.
¿Desde cuándo alguien se define por su trabajo o por la carrera que está estudiando? Sinceramente, nos quedamos en la superficie, como si cada uno de nosotros fuéramos un océano entero y nos diera miedo sumergirnos hasta el fondo. Aunque, realmente, era ahí donde se escondían los mejores tesoros.
Rodéate de quien sea capaz de aguantar tanto el aire como para conocerte hasta lo más profundo de ti, de quien no se conforme con quedarse arriba del todo.
Sin embargo, había gente que era un pequeño riachuelo y otros que dentro de sí encerraban un mundo entero, un planeta con todo lo que eso llevaba, con su cielo lleno de estrellas que se reflejaban de vez en cuando en el brillo de los ojos.
Hay que saber apreciar los matices, saber diferenciar entre ese pequeño río que apenas llenaba todo el océano que tú eras por dentro. Cada uno tiene que saber…

Apostar por todos nosotros.

Escribo mucho ahora mismo y no me gusta nada.
Quiero hablar de tantas cosas que no sé por cuál de todas empezar.
Quizá por mi indignación en cuanto al mundo entero, por eso de decir de que quieres cambiarlo y que te digan que es imposible. Pero, lo que tengo muy claro es que solamente es imposible aquello que no intentas.
A veces pierdo fe en nosotros, otras veces la recupero. Tan pronto como la vuelvo a tener, se me va otra vez. Un vaivén continuo.
Necesito estar segura de que si me dejo la piel tendrá resultados, de que al fin y al cabo, ninguno es tan malo, el mundo que habíamos creado no podía ser así de cruel. De verdad que no tanto. Aunque, sinceramente, no había más que ver las noticias y darte cuenta de las atrocidades que se cometen diariamente. Una de ellas podría ser que cada veinte segundos muere un niño de inanición. No afirmo con certeza, pero eso he escuchado y ya el hecho de oírlo me parece una barbaridad. ¿Cuándo hemos dejado que todo esto pasase?
¿Cuándo hemos dejado…

Una obra de teatro.

Más de una vez he escuchado eso de que la vida es una obra de teatro a gran escala.
Realmente, se podría entender como si el guión que estuviera escrito fuera el destino, aunque, estaba claro que cuando uno entraba en escena, podía saltárselo si quería. Más de una vez era necesario hacerlo, había que improvisar, no tenerlo todo clavado, dar lugar a la imaginación en vez de a tanta organización.
Tú eras el propio protagonista de la historia, solo de ti dependía la obra, solamente de ti. Podías seguir hablando cuando acababa tu diálogo a pesar de que el director te hubiera pedido expresamente que lo hicieras todo tal y como el guión exigía. Pero, al fin y al cabo, a ti nunca te había gustado seguir lo que dice un papel.
La obra iba a comenzar y los nervios te estaban desgarrando por dentro. Segundos después, se abre el telón.
Era tu turno.
Sales y, con el cuerpo entero temblando, empieza la obra. No sé si sería un monólogo, una comedia o una obra dramática pero esa elección ya la dejo…

Sé lo que es.

Sé lo que es saborear la libertad, sé lo que es reírse hasta que no puedes respirar, sé lo que es llorar hasta que no te quedan más lágrimas, sé lo que es disfrutar de cada segundo como si no me quedaran más, sé lo que es dar un último abrazo, sé lo que es decir un adiós definitivo, sé lo que es bailar sin que te importe quién te mira, sé lo que es mirar a los ojos y perderse en esa mirada, sé lo que es correr hasta que no puedes más, sé lo que es gritar cuando la atracción en la que estés subida gira y pega un cambio brusco, sé lo que es sentir el corazón en la garganta de la adrenalina que me recorre entera, sé lo que es esforzarse y conseguir resultados, sé lo que es dejarse la piel y no llegar a lo que se quiere, sé lo que es suspirar echando de menos a quien ya no esté, sé lo que es la culpabilidad, sé lo que es el remordimiento, sé lo que se siente al darse completamente a los demás aunque siempre dejando un rato del día para uno mismo, sé lo que es sonreír hasta que te duelen l…

Del siete de diciembre de 2015.

Hoy parece que la luz ha salido, que los recuerdos han brillado, que todos hemos sonreído.
Hoy parecen tantas cosas, quizá luego no sean todas, aunque quién sabe, y que por saber, ¿alguien de verdad lo hace?
Siempre nos da miedo pararlo todo por un momento. Respirar hondo. Escuchar el tictac del reloj sin sentir un nudo en el estómago. Es este momento, sin más. Aunque, pensándolo bien, ya es otro distinto. Pasan tan rápido que ni nos enteramos. Cuando te quieres dar cuenta, un año, de repente dos y ya casi te pones en cinco.
Todo vuela como para encima estar pensando en cosas estúpidas. Debemos disfrutar de lo que hacemos y aprovechar cada segundo, no porque quizá sea el último, si no por el hecho de que el tiempo es tuyo, tu vida y qué mejor manera de pasarla que disfrutando.
Claro que hay momentos en los que lo único que quieres es abrir un paréntesis y colarte en él hasta que el mar vuelva a estar en calma, hasta que la tormenta haya pasado. Nos daba miedo abrir la ventana y senti…

Sin más.

Una especie de sensación que me hacía querer saltar, reír, bailar, volar y una larga lista de verbos que implicaran movimiento y buenas vibraciones.
Me encantaba escuchar las risas de la gente, ver cómo en unos segundos en el mundo no había nada más que esa carcajada que había explotado así, de la nada. A veces era un niño y otras un adolescente. Incluso un adulto de vez en cuando.
Quizá la risa se nos iba con el paso de los años. Pero, no tiene que ser así. Quizá se nos fue la inocencia que había estado con nosotros en la infancia.
Sí, creo que era realmente inocencia lo que a veces nos hacía más felices. Creer que el mundo iba bien y que el único problema era que se había gastado la pintura verde y ya no tenía color para pintar la hierba.
Somos tan inocentes que nos creíamos que el cielo era siempre azul, no había más que mirar los dibujos. Para nosotros no existían los días lluviosos, solamente de vez en cuando nos gustaba el frío, cuando nevaba sin parar y conseguíamos hacer algun…

Al fin y al cabo, solo somos nosotros mismos.

Antes me ha recorrido un sentimiento de nostalgia desde la cabeza hasta los dedos de los pies.
Veo fotos de pequeña, 4, 7, 10 años y se me viene el mundo encima.
Incluso fotos con 13.
El tiempo pasa tan rápido que cuando nos queremos dar cuenta han volado un par de meses.
Queda poco para acabar una etapa y empezar otra. Tengo un poco de miedo, de dejar tantas cosas atrás, de tantas personas, y a la vez, estoy muerta de ganas por empezar pisando fuerte, de empezar con una sonrisa y mantenerla siempre.
Eso era lo más importante, tomarse las cosas con humor y siempre mantener las cosas en su sitio, donde deben estar sin dejar que se revuelvan y se apoderen de nosotros.
Éramos más fuertes que todo eso.
A domingo (aunque ya lunes), 13/14 de marzo.

Las pequeñas cosas.

A veces no me sale escribir nada. Lo intento, rozo con mis dedos las distintas letras de la pantalla, pero no consigo que salga algo.
Todo está estancado, hasta que revienta y de golpe y porrazo la entrada se escribe sola.
La pluma iba cogiendo carrerilla y de tantas ideas agolpadas no daba tiempo a escribir todas.
De vez en cuando me apetece saltar tan alto que mis piernas no puedan más, reír hasta sentir que me quedo sin aire, hasta que me duelan los hoyuelos de esa carcajada tan grande. No había nada más bonito que escuchar una risa sincera, una sonrisa escondida detrás de un mechón de pelo o una mirada tímida.
Quizá estábamos demasiado a nuestro aire como para fijarnos en lo que brilla la luna todas las noches y en cómo las estrellas siempre la acompañan, en lo que podemos conseguir pero no queremos ver, en todas esas pequeñas cosas que solamente de vez en cuando prestábamos atención.
Creo que ir en tren me encanta. Me gusta ir escuchando mi música, ver el paisaje (pongamos que un…

Dos tipos.

A veces la vida no es nada fácil. A veces es una cuesta hacia arriba, la ladera de una montaña que está prácticamente en vertical. A veces llegas a la cumbre. Aunque, realmente, a lo que parecía la cumbre.
Al otro lado ves otra montaña todavía más alta.
Había dos tipos de personas: unas se conformarían y otras decidirían ir a por todas. ¿De verdad serás como el primer tipo?
A tres de marzo, jueves.