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Mostrando entradas de enero, 2016

Así, de la nada.

Qué bonito es que surjan las cosas, así, de la nada, de golpe y porrazo, de repente, sin siquiera planearlas, sin siquiera haber pensado que podrían pasar.
Qué maravillosa es la vida y los caminos que nos llevan por ella, sentidos a la derecha y a la izquierda.
Justo cuando menos te lo esperas, llega esa noticia que tanto querías que ocurriera, un abrazo, una sonrisa y un beso; estaba claro que lo último no podía faltar.
La vida no para. El tiempo es un regalo envuelto sólo para ti, ábrelo, cuando quieras pero quizás una vez abierto no puedas parar de querer hacerlo tuyo.
A veces queríamos esperar en la parada del tren, era pronto, sólo las 18:30, pero qué más daba en ese momento.
El tren no llegó puntual, cinco minutos más tarde de lo establecido, pero, ¿qué importa eso? Había que subirse, y eso hice.
No sabía a dónde iba ni qué me depararía ese viaje, sólo sabía que lo haría único e inimaginable.
A domingo 31 de enero.

La música se había parado.

A veces todo lo que uno necesita es querer bailar y tener la música de fondo.
Ya sea una suave melodía al piano o cualquier otra cosa.
Lo bonito era dejarse llevar, sentir el corazón latiendo casi al mismo compás que la música que tus oídos escuchaban.
Estaba todo conectado, como en perfecta armonía, todos los hilos conectados y el puzzle completo, entero.
De vez en cuando la música suena tan baja que ni siquiera la escuchamos, pero, ¿acaso no había momentos en los que todas las palabras sobraban? Esos instantes de silencio en el que dos inocentes miradas se encontraban.
Y ahí estábamos, sentados en el césped en una noche estrellada y contemplando la inmensidad  que teníamos delante.
Tanto cielo que nuestros ojos se quedaban pequeños.
Necesitábamos más, eso venía casi con nosotros, el nunca saciarse y siempre seguir pidiendo, seguir buscando, seguir persiguiendo hasta que lo encontramos. Y una vez que está ahí, a nuestro alcance, lo cogemos y lo hacemos nuestro.
Siempre nos había gust…