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Mostrando entradas de noviembre, 2014

El pesado o bonito paso del tiempo, tú decides.

Queríamos crecer, dejar la infancia atrás y llegar hasta la adolescencia, que es la mejor época. No parábamos de oírlo y al final es lo que queríamos. Y ahora estamos en esa época y no paramos de echar de menos la infancia, donde no había preocupaciones, donde disfrutábamos y nunca parábamos de reír, donde no había complejos ni orgullos. Otra época. Otra época que cada vez se ve más lejos, ni películas de dibujos con finales felices, ni pintar como tarea para casa ni caídas que acaban en risas. No, ya no. Todo eso se acabó y quizá nos damos demasiado cuenta tarde. Queremos quedarnos estancados en lo que conocemos, no queremos salir de ahí por medio al futuro, al qué habrá más allá o al qué pasará. Deja de acordarte de esos errores y sigue adelante. Recordando no llegarás a la meta, no avanzarás tampoco. Mueve un pie y después el otro, corre sin importar que al final acabes cayendo, como cuando eras pequeño. Como cuando te caías una y otra vez, y te eso te descolocaba, pero seguías ade…

La pequeña París.

Todos hablamos de lo bonito que debe ser París. Créeme que lo es.
Qué os voy a decir de la Torre Eiffel que no hayáis visto ya en fotos. Quizá hayáis visto la típica foto justo desde abajo, mostrando toda ella en sí. Quizá hayáis visto la foto desde su planta más alta.
Pero no es lo mismo ver una foto, que saber que tú has estado donde la foto, que estuviste ahí, viéndolo en persona. Estamos enamorados de sitios y cuando vamos, es una sensación increíble.
Cómo el viento te sopla en la cara poniéndote el pelo en ella, te incordia, te estorba. Pero estás en París.
Bajas de la Torre Eiffel y vas al Arco de Triunfo, no podía faltar. Y pasas a través de sus enormes columnas y subes la barbilla hasta que tus ojos se encuentran con nombres tallados. Y bajas la vista. Sonríes. Estás en París. Subes las escaleras, infernales por cierto, y llegas hasta lo más alto de él. Aprecia la imagen más bonita de París. Ves la Torre Eiffel y también sus pequeñas calles, cómo se encuentran unas con otras …

Íbamos a por todos.

Y querías que fuésemos a por todo, y fuimos.
También luchábamos e íbamos en contra de todos.
En esos momentos no me importaba.
Pero ya no estás tú para decirme: venga, adelante.
No hay nadie que lo haga, así que me encierro, construyo la muralla tan alta que siempre me ha rodeado, cada día más y más alta, para que nadie pueda derribarla.
Había algunos que intentaban escalarla, pero llegaba un punto en el que no sobresalían ladrillos y ya no tenías dónde agarrarte, así que acababan cayéndose al suelo. Rotos y destrozados, dejaban la muralla, y con ella, a mí. Pero yo seguía intacta, y quizá eso era lo mejor.
Otros intentaban romperla, pero veían que no podían. Al igual que los demás, me dejaban. Pero yo ya no estaba tan intacta, empezaban a faltar algunos ladrillos y la muralla empezaba a desmoronarse, poco a poco.
Dentro de ella, también había guerras internas, algunas por seguir construyendo la muralla y otras por dejar que alguien la derribara. Nunca ganaba nadie, así que esas guerr…

Y qué si me pierdo.

Tengo ganas de perderme por algún lugar del mundo, un bosque con árboles altos y con el suelo lleno de hojas. Hojas que piso aunque no lo intente.
Nublado, soleado, con frío, con calor, me da igual mientras sea contigo.
Que llueva, que te besaré bajo la lluvia.
Que salga el Sol, que te seguiré besando bajo sus rayos.
Que allá donde yo vaya, me acompañarás.
Y que me da igual si me pierdo, si me equivoco de camino o si me caigo, que tú estarás ahí para encontrarme, levantarme o darme la mano para seguir el camino correcto.
Salgamos de aquí y huyamos incluso a la ciudad. Vayamos de parque en parque o de tienda en tienda. Me da igual.
Mientras paseamos, me das la mano y me miras a los ojos, no puedo apartar la vista y me pierdo en ellos.
Entramos a una librería y te vas a la sección de poesía. Abres un libro. Rezo porque me leas un poema; lo haces. Te quiero:
"Quizá no seamos perfectos,
ni siquiera lleguemos a serlo,
pero qué más da eso,
nos tenemos el uno al otro."
Cada segundo…

Dame la mano y abrázame, dime que todo estará bien.

¿Hay alguien ahí? No, otra vez no hay nadie. ¿Y qué hago yo ahora? No sé cómo seguir, no sé volver, no sé estar sola.
No soy capaz de superar a los problemas, es más, todo lo contrario, me acaban superando. Por qué, explícamelo.
Quiero cerrar los ojos y que, cuando los abra, todo esté bien, que no haya más errores y volver a empezar, de cero.
Como si nada hubiese pasado, como si ningún daño hubiese hecho. Pero todo eso ha ocurrido, y no sé cómo arreglarlo. Quizá no se pueda. Quizá todo esté acabado, creo que incluso yo también.
Qué bonito debe ser levantarte todos los días con pensamientos optimistas y con ganas de vivir.
Qué bonito debe ser feliz.
Qué bonito debe ser que siempre haya alguien que te ayudase con todo.
Quizá ese ha sido mi problema, que siempre me he dejado en otros, he dejado que luchasen por mí, he dejado que se llevasen las pesadillas y los malos sueños. Les dejé. Pero ahora no sé qué hacer.
Yo no sé cómo hacerlo, los problemas son cada vez más grandes y cada vez hay…

Te decantas por sonreír, decido hacer lo mismo.

Me miras y te miro. Pero me sigues mirando y yo soy incapaz de apartar la vista. Nadie nunca ha sido capaz de fijarse en mí de esa manera.
Nos seguimos mirando y te decantas por sonreír, decido hacer lo mismo. No sé qué tendrás, quizá sea la sonrisa que me provoques con cualquier tontería. Gracias por ser como eres y gracias por hacerme sentir como lo haces.
Nadie nunca se ha atrevido a quererme tanto ni de la manera en la que tú la haces.
Cuando me das la mano, me sonríes, me miras, me pasas ese corto mechón por dentras de la cabeza, me acaricias la mejilla; tantos momentos.
Gracias por ser así, por no rendirte nunca, por estar siempre ahí, incluso en los peores momentos, en mis altibajos, en todo.
Nunca nadie se ha quedado y, por fin, alguien lo hace. No sé por cuánto tiempo, supongo que algún día todo esto acabará, pero no quiero pensar en eso ahora.
Sólo quiero abrazarte, besarte, darte la mano y pasar la mayoría de mi tiempo contigo.
Cierro los ojos y me acerco a ti, pongo mi c…

Te atreviste a quererme.

Eres valiente, me di cuenta cuando te atreviste a quererme con todos mis miedos e inseguridades, con todas mis rabietas y mis sonrisas.
Te armaste de valor y apostaste por hacerme sonreír cuando más lo necesitaba, por darme la mano cuando nadie más estaba ahí.
Te has atrevido a quererme tanto como nunca nadie siquiera ha podido, no sé cómo, pero lo has conseguido.
Yo no he sido capaz, y tú sí. Sigo sin entenderlo.
La manera en la que me haces sonreír cuando nadie más puede y los pequeños detalles, es lo que realmente merece la pena. Cualquier tontería me hace sonreír.
Y cómo me gusta que me abraces y sumergirme en tus brazos, perderme en ellos, perderme pero siempre teniéndote a ti para volver a encontrarme.
Y cómo me encanta que me beses suavemente, con esos labios tímidos pero graciosos.
Y cómo te quiero, por esos momentos en los que me das la mano y sonrío pero y cómo no, si incluso eso me hace feliz.
Me haces feliz.
Y cómo adoro cuando me pasas ese mechón de pelo por detrás de la…

Las luces siguen apagadas.

Ya está oscuro y las luces no se encienden. No hay ninguna luz (tampoco ninguna mano) que me diga qué camino seguir, por dónde ir.
Dime qué hacer.
Quizá deba quedarme quieta, sentarme a esperar a que llegues, a que me encuentres y así poder ir juntos, de la mano, ayudándonos si uno de los dos se cae.
Pero qué haré si no llegas. Supongo que seguiré esperando. Pero, dime, ¿te estaré esperando para que jamás llegues?
Quizá por eso deba seguir, tanteando el camino, intentando saber dónde piso; pero si te digo la verdad, no tengo ni idea de por dónde voy. Y tampoco sé qué camino tomar.
Las luces continúan apagadas y yo sigo sin moverme.
Por favor, ayúdame y dime qué hacer.
No sé cómo seguir si no te tengo aquí, todo está oscuro y no puedo ver nada. Te necesito para que me guíes, que me levantes cuando me caiga.
Por favor, vuelve e ilumina todo el camino.
Empiezo a tener frío, y sigo quieta, sin saber qué hacer.
De repente me entra miedo y empiezo a correr, la verdad que sin ningún motivo a…

Número 17.

Sinceramente, no sabía si estaría en esa calle el hotel. Estaba diluviando y, al principio, decidí no sacar el paraguas; pero no me quedó más remedio cuando empecé a tener frío.
Parecía ser que estaba en la calle y en el número correctos: "Sin mirar atrás número 17". Parecía que esa fuese mi calle.
"Sin mirar atrás".
Por fin encontré el hotel, pero no había nadie en recepción.
Mientras esperaba, decidí asomarme por la ventana. Llovía y llovía, la verdad es que pensaba que jamás pararía.
Pero qué estúpida, claro que pararía.
Pararía y saldría el Sol, brillaría más que nunca.
Pero también el Sol se escondería detrás de las grises nubes y volvería a llover.
Pero eso ya sería otra vez, otro día.
Estaba ensimismada mirando la lluvia, tanto, que no me di cuenta de que me hablaban hasta que me tocaron suavemente el hombro.
Me sonrojé y pedí perdón.
Me dijeron la habitación, cogí mi pequeño y escaso equipaje y entré por la puerta marcada con un número: 103.
Decidí tumbarme…