Miradas con sabores dulces.

Qué capacidad de sintetizar la vida tenéis aquellos que únicamente pensáis que lo importante es el color de ojos, que el azul es mucho más bonito que el verde o que el marrón está por encima de cualquiera.
Pero, ¿qué hay de la luz de la mirada? De ese fuego que arde dentro de cada uno prendiendo cada roce y cada instante, descubriendo un universo entero en una pequeña pupila en la que uno puede perderse sin límite de veces, en la que podemos bailar incluso cuando no nos sepamos los pasos, en la que podemos cantar tan alto como queramos, en la que podemos sentirnos libres siempre.
Qué bonito eso de ver brillar la mirada, de fijarse en cómo se enciende cuando hablamos de nuestro libro favorito o cómo se ilumina con cada carcajada que ha sido guardada hasta que no podíamos más y estallamos. 
Estallamos y nos prendemos enteros, aunque era algo único porque ese fuego no quemaba, solamente nos encendía hasta hacernos brillar más fuerte que el Sol.
Quédate con esas miradas en las que puedas dar millones de vueltas hasta marearte, incluso con aquellas que a veces, en vez de Sol, sean Luna, sean la Tierra o incluso la galaxia entera. Esas miradas con las que sobran las palabras porque sabes todo lo que se esconde detrás.
Quédate con ellas y no las pierdas nunca.
A seis de febrero, lunes. 

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