El arte.

El arte.
Qué bonita manera de evadirse.
Y qué horrible tener que volver.
¿No os parece precioso lo que somos capaces de crear? Normalmente, sólo destrozamos, pero también sabemos cómo impresionar. Nos podríamos centrar en eso.
Historias.
Un libro me parece un auténtico tesoro. Una persona ha escrito una historia que por ejemplo, en este caso, no existe. No es real. Crea a gente, unos personajes, que tampoco lo son. Pero nosotros lo idealizamos, nos los imaginamos. Es increíble el poder de las palabras. Increíble cómo nos hacen llorar, reír. Cómo nos hacen disfrutar. Una pena que no todo el mundo sepa apreciar esos pequeños tesoros, esos pequeños mundos que creamos y que, sin saber cómo, no destruimos.
La poesía.
Más palabras, que riman con otras tantas, que se van juntando, uniendo, a medida que vamos leyendo. Van encajando entre ellas como si estuviesen destinadas a hacerlo. Precioso. Expresa sus sentimientos y como si no fuera poco, lleva una estructura. Como si estuviésemos hablando de arquitectura, como si siguiésemos creando. En realidad es lo que hacemos. Creamos unas series de palabras que se entrelazan entre ellas dándose la mano, la primera con la segunda hasta que llegamos a la última.
La música.
Supongamos que era como poesía, pero ahora añade un ritmo, un ritmo con unos instrumentos, con una melodía, que acompaña a las palabras, empujándolas a que salgan, a que sean leídas, a que sean escuchadas. Canciones que nos llegan hasta el alma, que nos llena, que nos vacían, que nos recuerdan a alguien, a algo. No sé cómo.
La pintura.
Coge el pincel, deslízalo sobre el papel. Suave, fuerte, despacio, rápido. Qué más da, sólo exprésate. Los colores van llenando el cuadro, van dándole vida, tanta que parece que es una fotografía. Aprecia los detalles, la luz. Cómo unos colores se quedan como son, no dejan que los cambien, no se mezclan, se mantienen al margen. Pero fíjate en otros, cómo se han unido, se han ido mezclando hasta dar lugar a otro. Hemos creado. Otra vez. Lo seguimos haciendo. ¿No lo ves?
La fotografía.
Clic. Y ya tienes una imagen que jamás se volverá a repetir. Tendrás algunas e incluso muchas parecidas. Pero nunca iguales. Porque se captó en un momento determinado del tiempo. Y el tiempo pasa, se va, se marcha, y no vuelve. Mira que nos lo avisan, pero seguimos creyendo que alguna vez vendrá y podremos abrazarlo, agarralo fuerte, tanto para que no se nos escape otra vez.
Y ahora dime, ¿no es maravilloso todo esto? Sí, ¿verdad? Entonces, explicadme, ¿por qué no le hacemos demasiado caso? Venga, cambiemos.
Empecemos a apreciarlo.

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