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Mostrando entradas de agosto, 2024

"Qué bien haber saltado":

Ahora mismo, es la luz del salón la que ilumina mi ventana a las doce y pico de la madrugada de un martes cualquiera. La vida gira tan deprisa que, muchas veces, ni siquiera nos damos cuenta de la velocidad que coge (evitándonos así, el vértigo). O, acaso, ¿no es lo que busco a toda costa? Ese revoloteo en el estómago, las ganas entrelazadas con el miedo antes de hacer por primera vez algo y, sobre todo, el orgullo y la alegría después de lograrlo. Acercar los pies un poco más al borde del acantilado (con pasos pequeños, por si acaso) y, ya sea con ojos abiertos o cerrados: saltar. Una vez en el aire, conoceré la sensación y, para mis adentros pensaré (como leí una vez): “sólo cayendo fue que pensó: qué bien haber saltado”.

Márgenes y paréntesis:

Y que la vida se pasa (a veces) completamente ajena. Con márgenes, frialdad y distancia. Sin dejar ningún tipo de huella. Como si estuviera en la recámara, con un papel de actor secundario, esperando a que llegue mi momento. Moviéndome entre los paréntesis del tiempo, colándome en sus agujas (como si tuviera que hacerme hueco, como si, acaso, no cupiera). Como si este momento no fuera ya (suficientemente) mío y tuviera que adueñármelo.  Como si, no fuera mi vida y no estuviera (más que) dispuesta a vivirla.