Lo que siempre está con nosotros.

Dale alas a tu libertad y déjala vía libre, que vuele por donde quiera, que suba, que baje, que roce con la punta del dedo el agua cristalina del mar o quizá prefiera subir tan alto que atraviese de vez en cuando y de cuando en vez todas esas nubes blancas, tan pomposas que parecían puro algodón de azúcar, que ría hasta ahogarse y no poder respirar, que llore hasta no poder más, que se llene de ilusión por dentro hasta que esté hasta arriba, que se entregue a los demás aunque siempre siendo de sí misma. Siente a tu libertad cerca, como si la tuvieras a tu lado, dándote la mano, agarrándote tan fuerte que jamás te iba a soltar. Nunca te soltaría porque eso es algo que nadie te puede quitar.
Aunque, pensándolo mejor, tú eras esa libertad a la que debías dejar vía libre, igual que ella surca los cielos y los mares, hazlo tú también, sintiéndote tú, entera y llena, no dejando que se la lleven, al fin y al cabo, es lo único que tenemos.
A catorce de abril, jueves.

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