Como si estuviera volando.

Sonríele a la vida e incluso, los más valientes, guiñarle un ojo. Que vea que la estáis disfrutando al máximo a pesar de todos los tropezones, de todas las caídas, de todos los golpes, a pesar de todas esas complicaciones que estaban en nuestro día a día. Aunque, realmente eran pequeñas.
Me gusta esa gente que da un paso más y se atreve a todas esas cosas que a otros tanto miedo les daba. No sé, por ejemplo: esforzarte hasta que consigues algo, y si ves que se te escapa entre las manos, volver a intentarlo. Al fin y al cabo, una película nunca se hacía del tirón si no que había muchísimas tomas falsas, ¿o acaso miento?
Aprender que la vida es una montaña rusa que, a veces, solamente baja. Sientes ese cosquilleo, quizá adrenalina, aunque solo al principio, pero decidí que durara. A pesar de todo, caer también tenía sus partes buenas, te hacía darte cuenta de quién estaba ahí para darte la mano y chillar contigo porque no tenía otra manera de expresar ese cosquilleo que iba de la cabeza a los pies. Y de repente, cuando menos te lo esperas, hacia arriba. Sube tan alto que rozas las ramas de los árboles, qué digo, incluso el cielo, pero no me quedé ahí y me fijé hasta en la Luna. A veces queremos tanto que nos conformamos con poco, aunque a veces, necesitamos menos de lo que creemos. No paraba de subir y, aunque el recorrido era el que era, la manera de vivirlo era solamente tuya y eso no podía quitártelo nadie.
Quizá el recorrido era a la vida.
Venga, guíñale el ojo, tipo como si dijeras: "mírame, bajando hasta el fondo y aún así sonriendo como si estuviera volando".
A 6 de abril, miércoles.

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