A día quince.

Qué manía con definirnos en tres palabras o aunque sea en cuatro. ¿Por qué nos quedamos con tan poco? Dejemos que infinitud de palabras nos llenen, que nos vacíen a su antojo.
Pero no, siempre habíamos preferido reducir todo. Resumir la tarde en unas simples fotos o algún que otro vídeo cuando olvidamos todos los paseos que habíamos dado, las carcajadas que habían estallado en tantos momentos porque no podían más.
Con lo bonito que es dejarse sorprender por todo, por esos detalles que no todos ven, por ver una sonrisa de alguien que pasea en el tren, por ver que ha florecido alguna que otra planta, por ver al Sol brillar más que nunca, por ser feliz.
Deberíamos dejar llevarnos por el momento, olvidar atrapar el tiempo y hacerlo nuestro cada vez que queramos, correr y volar con él olvidándonos de todo lo que nos ata y sentirnos más libres que nunca, como si no hubiera gravedad y tampoco necesitáramos alas, la imaginación y el optimismo se daban la mano, entrelazaban sus dedos y te llevaban a donde quisieras.
Déjate ser libre porque si no te quedarás con esas dos o tres palabras que crees que ya te definen por completo. Sé más que todo eso y lucha por tus sueños, vuela tan alto que apenas veas los coches e inspira tan profundo que el algodón de las nubes lo sientas en el pecho.
A 15 de mayo, domingo.

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