86400 segundos.

Un día consiste en 86.400 segundos, de los cuales nos quedamos con seis. Incluso hay algunos que se olvidan por completo del paso del tiempo y prefieren guardarse una foto, una risa, una mirada, una carcajada limpia y sana.
Un segundo y de repente, otro. Ya van dos. Sin que te des cuenta han pasado cinco. Y no sé si quiero saber todos los que llevo ya escribiendo esto. Quizá segundo por letra o quién sabe, igual menos.
El tiempo es un regalo sin abrir, es la historia que tú quieras contar, dándole los matices que prefieras o teniendo esos detalles en cuenta que no pueden olvidarse. ¿Y qué pasa si un día nos quedamos sin ningún recuerdo? ¿Qué pasa si un día toda esa realidad desaparece? Nos quedarán los sueños, nos quedarán las imágenes y por algún recoveco nuestro, florecerán los recuerdos.
Esos recuerdos que a veces queremos borrar, esas lágrimas que se podrían ir y no volver, pero aquí están. Con nosotros. Quizá me equivoco de proposición y no es tanto con, si no en.
Están en nosotros.
Igual me estoy confundiendo en el verbo. Sí, creo que ya he acertado del todo: somos nosotros. Cada una de las piezas que nos forma y que, poco a poco, nos llena.
A 31 de mayo, martes.

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