¿No?

Y cuando de repente te das cuenta, el tiempo ha volado.
Por supuesto que no literalmente, pero casi.
Ha pasado todo tan rápido que ni me he dado cuenta.
Dicen que eso es porque has disfrutado, y quizá esté plenamente de acuerdo con eso, pero ha ido demasiado deprisa.
El día a día daban lugar a un mes y después a otro.
De repente ves las fotos y miras la fecha, ves que son de hace casi un mes cuando parecen de ayer.
Todavía me acuerdo del primer día de verano, el primer día de libertad, sin clases, el día que empezaba lo bueno.
Y de eso ya han pasado más de dos meses, la verdad es que parece mentira.
Hay muchos recuerdos, momentos (malos y buenos), pero todo eso ya se queda aquí, conmigo, para siempre.
Que quizá haya sido otro verano más, pero los recuerdos no son los mismos, se renuevan, cambian.
Este verano ha sido diferente a los anteriores, quizá era cómo lo miraba yo o quizá ni siquiera sepa muy bien el motivo.
Ahora mismo estoy nostálgica perdida, deseando que el tiempo echara vuelta atrás para vivir todo una vez más. Solo otra. La última ya.
Sin embargo, eso es lo que tiene la vida, que solo te permite vivir todo en una ocasión, arriesgar en los momentos clave y dejarse llevar en el resto.
Sacrificarse y también disfrutar.
La vida es como el yin. Y también como el yan.
Tiene su parte negra en todo lo blanco y su piza blanca en lo negro.
Quizá solamente había que mezclarlos y vivir sin extremos.
Quizá la vida consistía también en eso, en un tiempo únicamente esfuerzo y en otro solamente hacer lo que quisiéramos.
Idas y venidas.
Otra vez ida.
Al poco tiempo venida.
Nunca lo predecíamos, aunque tampoco hacía falta.
¿No?

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