Alguna exclamación que otra.

Y, ¿para qué mentiros?
¡Qué bien sienta ser feliz! Ni siquiera sentirse feliz, si no serlo.
¡Qué maravilloso es poder disfrutar con los mínimos detalles! 
Unos 'buenos días' que nunca están de más, un 'gracias' que siempre se agradecen, un 'perdón' acompañado de una medio sonrisa como señal de doble disculpa y tantas otras delicadezas que, de vez en cuando, se aprecian en las escenas más cotidianas, en esa rutina que tan poco nos gusta. 
Intento explicaros con palabras la sensación que me recorre entera día sí y día también, pero, hoy mismo leí el significado de la palabra inefable y, cómo deciros que no podría explicarme mejor que con este adjetivo calificativo. Por cierto, quiere decir que algo es tan increíble que no puedes valerte de las palabras.
¡Sintámonos felices de poder vivir otro día más! Porque, ¡qué importante es sentirse vivo y no estar vivo sin más! 
(Últimamente utilizo muchísimo las exclamaciones, aunque, tiene una explicación, quiero que leáis con las mismas ganas, con la misma intensidad que yo escribo estos pequeños fragmentos)
Sé de ese tipo de personas que ve el vaso medio lleno y medio vacío.
Espera.
¿Qué estoy diciendo?
¡El vaso estaba lleno! Técnicamente, no es del todo incorrecto y sobre todo, es cien por cien válido visto desde el punto de vista más optimista que alguien puede tener. 
Cómo cambia la manera de ver las cosas en función de la perspectiva, entonces, si tan cerca y alcanzable lo teníamos, estiremos un poco más la mano para rozar esa alegría que tantas ganas tenía de abrazarnos y llenarnos por completo.
A veintinueve de septiembre, jueves. 

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