Historias, libros y protagonistas.

Esa sensación de estar leyendo un libro, pasar cada página con ganas de más y, de repente, la última. El final llega con algún que otro giro inesperado que hace que la historia dé tantas vueltas que al final te mareas y tienes que volver a la penúltima y repetir la lectura.
Igual con la vida pasa lo mismo.
Toda vida tiene un principio, una historia y un final (refiriéndonos a la muerte). Pero, ¿esas líneas ya estaban escritas? ¿Era el destino el encargado de decidir de quién sería cada libro? Puede ser. En verdad, no tengo ni idea, supongo que el destino es cuestión de creer o no.
Pero, lo que sí que sé, es que hay cosas que vienen solas, nos guste o no la historia, es la que es y, no nos queda otra que tirar hacia delante, que seguir leyendo con las mismas ganas que teníamos al principio. No todos los capítulos serán iguales y por supuesto que tampoco los personajes, unos se irán y vendrán otros nuevos, pero no por ello el protagonista se encierra en sí mismo y pone un punto y final a su propia historia.
Hay que continuar, siempre hacia delante, mirar hacia atrás únicamente para anotar en algún papel las citas favoritas del autor.
Y, ¿por qué no, aparte de ser los protagonistas, éramos también los escritores? Quizá era elección del destino o quizá era nuestra, ahora ya que esa pregunta la resuelva cada uno como quiera.
A ya veintisiete de agosto, sábado.

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