Un azul oscuro.

Iba cayendo ya la noche, el cielo empezaba a colorearse de un azul oscuro que pronto sería negro. Pero todavía no era así, si miraba hacia un lado el cielo estaba morado y si lo hacía para el otro era un color más anaranjado. Aun así, la primera estrella ya había salido. Brillaba al principio sin fuerza, pero eso sólo era cuestión de tiempo. Poco tardó en caer la noche. Ya no se veía el rastro que dejaban los aviones normalmente. Ahora sólo se escuchaba el timbre del tren que indicaba el cierre de sus puertas.
Volví a mirar al cielo y de momento sólo había una estrella, a veces parecía que incluso la podías alcanzar, la podías rozar con los dedos y casi atraparla, hacerla tuya. Pocos minutos después el cielo se tiñó por completo de un negro que lo único que nos permitía ver era la impresionante luz de la Luna y las inmensas constelaciones. Cómo sin estar unidas parece que lo están, parece que está indicado hasta el más mínimo centímetro.
Ellas siempre brillaban y siempre estaban ahí. Había veces que las nubes se ponían por medio y no nos dejaban verlas, pero no por eso ellas no brillarían. No pararían de hacerlo nunca.
No sé cuánto tiempo había pasado ya, pero para mí se había detenido. Me había perdido contando estrellas, intentando dejar de mirar la Luna, pero era incapaz de parar.
Brillaba más que ninguna de las estrellas, menos en esas noches que desaparece y las estrellas se llevan el protagonismo que solamente tienen de vez en cuando.
Seguimos un poco más de camino y vi a un avión llegar a tierra, casi aterrizando. No sé por qué, pero supuse que venía de Venecia. Venecia, donde te pierdes por cada rincón, donde respiras el aire pero de una manera distinta, donde dicen que se vive la vida.
Quizá también decidí suponer que venía de París. París, donde las luces iluminan los pequeños callejones, donde todo es mejor de lo que es, donde el amor es lo único que se ve.
¿Y por qué no suponer que venía de cualquier otra parte del mundo? Elige una e imagina. Jamás te canses de hacerlo.
Sueña y vive, quizá sea el más sabio consejo.

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