Estos últimos años son muy raros.

Estos últimos días, estos últimos meses, estos últimos años son muy raros. Están basados en un continuo cambio, que parece no parar. Miras hacia el cielo queriendo ver estrellas, el Sol o la Luna, pero solamente ves que caen bombas. A otra hora, en otro sitio, el hambre acecha hasta el más mínimo resquicio de su cuerpo, un cuerpo que no ha podido aguantar más enfermedades ni más miedo. Miedo a vivir siempre así, a que no hubiera ningún final feliz, ni siquiera como en Disney, ni siquiera eso, ya que nunca han podido ver ninguna película. Ninguna película en ninguna televisión, donde la pobreza marca el día a día y no hay comida, ni sanidad ni educación.
Derechos humanos, ¿dónde estáis? Mucha charla y promesa que nunca se cumplirá.
Pero en otro lugar las personas roban y no paran de robar para hacerse más ricos todavía y limpiarse el culo con billetes para después tirar. Tirar dinero y derrocharlo, como si no fuera importante como si no hubiera gente que lo necesitase.
Porque es verdad, está pasando, realmente hay gente que va a la cárcel por robar un simple pañal pero bien que otros están libres teniendo y robando un dineral.
Porque la categoría, lugar, raza, nacimiento, da igual, todo importa. Buscamos diferencias en vez de buscar un parecido, que todos somos iguales, parece que aún no lo hemos entendido.
Suspiro, decadente, sólo tengo estas ideas en mi mente, y qué asco que no hago nada para cambiarlo, pero, ¿qué hacer? ¿Por dónde empezar? Ojalá cada uno poniendo su granito de arena para mejorar.
Para mejorar todo este mundo que necesita arreglos por todos lados, este mundo que poco a poco vamos destrozando, hasta que no aguante más y entonces a saber qué pasará. El mar nos llevará, la tierra se hundirá o quizá terremotos o tsunamis acaben con la ciudad.

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