Los errores nos atormentan.

Mirando las horas pasar,
tic-tac, tic-tac,
el sonido de siempre,
nunca cambiará,
porque tiene una rutina y así será.

Y con el reloj,
vamos nosotros,
rápidos o lentos,
pero con la rutina,
con lo mismo de siempre.

¿Qué más nos da?
No tratamos de ir más allá,
de dejar de ser marionetas,
controladas por yo qué sé quién.
Nos da igual,
seguimos una línea recta;
que es siempre igual.

El camino no varía,
y aunque lo hiciese,
seguiríamos por esa línea imaginaria,
tambaleándonos,
con miedo a la equivocación,
a dar un paso en falso,
y a dejar de ser controlados,
por yo qué sé quién.

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