Para ti, querido piano.

Te apago.
Ojalá esta vez sea solo por un pequeño rato.
Sé que eso únicamente lo puedo decidir yo, sin embargo, hay muchos planes, muchas cosas que quiero hacer y el tiempo iba en mi contra.
También sé que hay gente que está más pendiente de ti, que nunca te deja, que siempre te tocará una vez más.
Quizá yo no sea así del todo.
A veces te miro y decido que es el momento de volver a escucharte, de sentirte en mis manos otra vez, como de vez en cuando hacemos.
Pero, aquí viene otro problema.
No sé tocarte, solo sé algunos cortos trozos de canciones: un poquito de "Para Elisa" y la banda sonora de "El Golpe".
A veces pienso en que alguien me ayude a tratarte mejor, a sacarte todo el partido que te mereces.
Llega el momento en el que te veo de nuevo, yo creo que con más polvo que de costumbre. Te quito la funda, seguro que para ti es como un yugo que quieres arrancarte de encima.
Respiro hondo.
Me dejo llevar, permito que mis manos hagan todo el trabajo y mis oídos lo agradecen.
Una suave melodía sonaba, quizá inventada en ese instante, pero qué bien sonaba.
Cierro los ojos y sigo contigo, nadie me escucha, pero tampoco lo necesito. Me estoy escuchando a mí misma, oyendo esa melodía que mis pequeñas manos tocaban.
Por supuesto que no era la mejor música del mundo, ni la más asombrosa, pero había algo que la hacía especial: era mía.

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