Silencios y ruidos.

El mundo se para y se calla, deja de hacer ruido y da paso a un eterno instante en el que me sentía plena de seguridad, al igual que cuando te abrazan y te hacen sentir que estás como en casa.
Todo está en silencio y nos da miedo el sonido de las pisadas, así que decidimos ir de puntillas mientras paseamos. Aunque, sinceramente, nada como pisar hondo y dejar huella para marcar al otro, nada como ir silencioso mientras te llevas todo a tu paso con la fuerza de un huracán.
Nada como conseguir hacer feliz con esas tormentas llenas de sonrisas.
A uno de septiembre, sábado.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Dicen...

Miradas con sabores dulces.

La ciudad.