Mar.

Es como la ola del mar que intenta alcanzar las estrellas, que intenta devorar la Luna, creyéndose que únicamente sirve con ir a por su reflejo.
Intenta alcanzarlas, reventándose contra las rocas afiladas de los acantilados, como si fueran los dientes de un lobo. Sabiendo que, inevitablemente, acabará deshaciéndose en la arena que se nos cuela entre los dedos de los pies al caminar, dejándola mojada una cuestión de segundos.
Sin embargo, no se da por vencida, vuelve a por ello siempre, poniéndose de vez en cuando más y más furiosa, alcanzando incluso 10 metros, soñando que viaja por el cielo, quedándose en las nubes y tirándose en caída libre en forma de gotas cuyo objetivo es llegar al suelo.
A veintisiete de septiembre, miércoles.

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