Bucear, sumergirse y nadar mar adentro.

Pero qué bonito es sumergirse hasta el fondo del mar, ver la cantidad de animales que nadan por las profundidades y enamorarse de todas las variedades de colores que uno encuentra.
Qué bonito sumergirse y poder bucear todo el tiempo que se quiera, sin necesidad de bombona de oxígeno, sin necesidad de salvavidas, porque, en el fondo de tu alma sabes con plena seguridad que te mueves por océanos tranquilos.
Y, que por mucho que te hayan contado anécdotas de que adentrarse hacia mar adentro es peligroso, sabes con certeza que siempre acabarás en la orilla, sano y salvo.
Aunque, ¿por qué siempre gritar 'tierra a la vista' y volvernos locos de alegría? Quizá por la seguridad que nos trasmite.
Aunque, ¿qué sentido tendría la vida si no hubiera montañas rusas? ¿Si todo fuera absolutamente monótono y nunca saliéramos de la rutina?
A lo mejor la respuesta esté en encontrar tu propio océano, en encontrar esas olas que siempre te muevan haciéndote sentir en calma.
Puede ser que te preguntes que cómo encuentras ese océano. Yo no sé darte la respuesta, pero quizá, solamente quizá, esté dentro de las personas. Y de lo que estoy plenamente segura, es que cuando te adentras en ese mar, lo sabes ya que buceas y sencillamente no quieres salir a la superficie porque te sigues enamorando de todo aquello que no se descubre a primera vista.
A diecinueve de junio, lunes.

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