25.

Y cuántas historias se esconden detrás de los libros, de cada pincelada de los millones de cuadros que podemos encontrar en cualquier museo, de cada verso, de cada beso, de cada sonrisa, de cada "gracias".
Cuántas historias perdidas en el recuerdo, perdidas en el inmenso océano de la memoria, que de vez en cuando nos trae imágenes concretas con el vaivén de sus olas.
Cuántas historias que se pierden con cada ráfaga de viento y vuelven a casa en forma de huracán.
Cuántas historias perdidas por Madrid. Porque, siendo sinceros, perderse es más fácil de lo que parece, salir por cualquier boca de metro que a saber dónde nos lleva, buscamos las placas para saber en qué calle estamos, pero no conseguimos encontrarnos. Seguimos dando vueltas y vueltas, hasta que nos mareamos.
Perderse es demasiado sencillo, pero quizá encontrarse lo sea mucho más todavía.
Nos vemos de nuevo y salimos en nuestra propia busca, corriendo con las ganas que siempre se tienen al principio: da vueltas, baila, sueña, vive y ve hacia donde quieras, que sea donde sea, acabarás encontrándote sin siquiera saber tu destino.
A veinticinco de marzo, sábado.

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