Había una diferencia entre vivir y dejar pasar el tiempo.

¿Qué sabríamos de la muerte si no vivimos?
¿Qué sentido tendría planear cada segundo si en un solo minuto la vida puede cambiar de dirección? Y que por cambiar, puede ir hasta al contrario.
¿Para qué fijarnos en esas nubes grises si sabemos que detrás el cielo sigue ahí? Está listo para volver a teñirse de esos azules que a veces tanto necesitamos.
Sin embargo, a veces nos fijamos tanto en el gris, que no varíamos más, solo de negro a gris, no vemos más allá. Y que anda que no había más variedad de colores. ¿Dónde dejamos los rojos pasión? ¿Los verdes esperanza? ¿Los azules mar?
¿Qué necesidad tenemos de vivir la vida tan cautelosamente? Que por vivir, eso no es. Vivir es reír, llorar, disfrutar y esforzarse.
La vida está llena de contrastes y de intermedios. Lo que hay que conseguir, es llegar a encontrar el límite de cada uno de ellos.
No dejes pasar el tiempo sin más, saborea cada segundo, exprime cada minuto, no dejes que corran, que como lo hagas, no pararán.
Irán cada vez más rápido y llegarán incluso a volar mientras tú estás ahí abajo, viendo cómo llegan a las nubes, donde suben y suben.
Quédate con lo delicioso de la vida, con lo maravilloso y que por un sabor amargo que haya no dejes que te apague ni a ti, ni a tu precioso día.

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