Al fin y al cabo.

No me digas que siempre es fácil seguir, tampoco me digas que nunca te has querido rendir, que siempre has querido dar un paso más, que la sonrisa a veces se desgasta. Tanto, que se borra. Pero tú tienes el lápiz y ellos la goma, o bueno, eso pensabas. En realidad tú tenías todo el estuche completo, todo lo que necesitabas.
Coge el lápiz y dibújate la sonrisa más bonita para hoy, esa que tan bien queda, no la reserves para mañana. Que mañana será otro día que ya llegará. Mañana dibújate otra, no te quedes con la misma porque el motivo se irá o al final el carboncillo del lápiz acaba perdiéndose.
Hoy es otro día nuevo y eso, más que cualquier otra cosa, merece una sonrisa nueva. Así que vale ya, deja de lamentarte porque hoy te dibujaste mal la sonrisa. No hay nada que la goma pueda borrar. Por eso mismo, sonríe, da igual el motivo, sonríe porque sí, porque ¿ves? Ya está. Es mejor tener sonrisas que dar que a tener sonrisas que guardar que en cualquier momento puede haber cualquier tipo de reseteo y perderlas.

Sé que a veces la vida es cuesta hacia arriba, una carretera tan empinada que no ves la cima, pero está en tu elección. Puedes ir hacia abajo, rodar, de hecho será más llevadero, pero verás la pérdida que has hecho, cómo se ha ido todo, cómo estás atrás. Quizá sea mejor inspirar y expirar un par de veces, y seguir camino arriba. Al fin y al cabo, todas las montañas tienen una cima.

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