Un mundo lleno de oportunidades.

Tenía un mundo de oportunidades para ti, sólo para ti. No sé cómo ni cuándo, pero las acabaste gastando.
Al principio no ibas demasiado rápido pero se acabaron consumiendo, poco a poco.
Y dime, cómo fuiste capaz. Te di todo de mí y más. Pero parecía que eso no era suficiente para ti, siempre querías y exigías más. Y yo no daba esa talla.
Y decidí olvidarte, pero no fue una decisión tan sencilla como la de echarse tres o dos cucharillas de azúcar en el café, quizá fue algo más tipo no me queda otra. Porque no, no me quedaba otra. No había más opciones. O quizá sí pero esa la única a la que veía salida.
Aunque hace tiempo la veía, sigo buscándola.
Porque dime cómo te olvido, si vuelves en cada canción, en cada foto, en cada buen momento, en cada grito, en cada sitio.
Te echo de menos.
Echo de menos cómo era todo o quizá más bien a cómo hacías que fuera.
Si todo era negro, dabas ese toque de luz que nunca viene mal. Pero como toda luz y como todo, también te acabaste consumiendo.
No sé si era porque hacía demasiado frío y no pudiste aguantar. No sé por qué fue.
Te acabaste yendo. Todo terminó por acabar, con ese siempre despreciado final.
Nos empeñamos en no ver más allá, en ver solamente el final, sin fijarnos en el principio que está por venir, que tenemos en frente pero que no somos capaces de ver.
Y a pesar de eso, sigo recordando todo. Por más que decida olvidarte, dejarte atrás, ahí sigues. Como si nunca acabases por irte, como si nunca acabases por quedarte. Estabas ahí en medio, ni blanco ni negro. Gris. Gris a veces más oscuro y otras más claro.
Decidí que era mejor que te fueras, no sé si era mejor o peor, pero qué querías que hiciera, si no tenía otra opción.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Miradas con sabores dulces.

Luces e ilusiones.

21:47.