Íbamos a por todos.

Y querías que fuésemos a por todo, y fuimos.
También luchábamos e íbamos en contra de todos.
En esos momentos no me importaba.
Pero ya no estás tú para decirme: venga, adelante.
No hay nadie que lo haga, así que me encierro, construyo la muralla tan alta que siempre me ha rodeado, cada día más y más alta, para que nadie pueda derribarla.
Había algunos que intentaban escalarla, pero llegaba un punto en el que no sobresalían ladrillos y ya no tenías dónde agarrarte, así que acababan cayéndose al suelo. Rotos y destrozados, dejaban la muralla, y con ella, a mí. Pero yo seguía intacta, y quizá eso era lo mejor.
Otros intentaban romperla, pero veían que no podían. Al igual que los demás, me dejaban. Pero yo ya no estaba tan intacta, empezaban a faltar algunos ladrillos y la muralla empezaba a desmoronarse, poco a poco.
Dentro de ella, también había guerras internas, algunas por seguir construyendo la muralla y otras por dejar que alguien la derribara. Nunca ganaba nadie, así que esas guerras eran constantes. Y desde dentro, la muralla también se destrozaba, menos que desde fuera, pero lo hacía.
Mientras, por fuera seguían intentándolo. Y dieron en un punto, un punto en el que estaba demasiado débil, dieron con el punto en el que me hacían sonreír y reírme hasta llorar de felicidad.
Y desde ahí, todo fue destrucción. Poco a poco, los ladrillos fueron cayendo hasta que no quedó ninguno en pie.
Vía libre para que pasaras. Pero no lo hiciste. Veías cómo la muralla se había desmoronado y algo roto no era bonito. Además de que había que arreglarlo.
Y de repente llegó alguien, vio la murada destruida pero no le importó arriesgarse. Pasó todos los escombros y llego hasta el interior de mí. Nadie había pasado nunca. Me hiciste feliz y volví a construir la muralla, ahora más rápido, tú me ayudabas a colocar cada ladrillo. Pero te acabaste cansando y querías salir, pero la muralla ya era demasiado alta como para que salieras.
No te dejé, te quedaste dentro un rato, pero volviste a dar en ese mismo punto débil y la volviste a destrozar otra vez, para salir.
Desde entonces estoy así.
Sigo sin poderla construir.

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