El pesado o bonito paso del tiempo, tú decides.

Queríamos crecer, dejar la infancia atrás y llegar hasta la adolescencia, que es la mejor época. No parábamos de oírlo y al final es lo que queríamos. Y ahora estamos en esa época y no paramos de echar de menos la infancia, donde no había preocupaciones, donde disfrutábamos y nunca parábamos de reír, donde no había complejos ni orgullos. Otra época. Otra época que cada vez se ve más lejos, ni películas de dibujos con finales felices, ni pintar como tarea para casa ni caídas que acaban en risas. No, ya no. Todo eso se acabó y quizá nos damos demasiado cuenta tarde. Queremos quedarnos estancados en lo que conocemos, no queremos salir de ahí por medio al futuro, al qué habrá más allá o al qué pasará. Deja de acordarte de esos errores y sigue adelante. Recordando no llegarás a la meta, no avanzarás tampoco. Mueve un pie y después el otro, corre sin importar que al final acabes cayendo, como cuando eras pequeño. Como cuando te caías una y otra vez, y te eso te descolocaba, pero seguías adelante sin importar las heridas que te hubieses hecho. El daño daba igual, seguirías corriendo hasta el final.
Parece que con los años vamos perdiendo las ganas de seguir corriendo, vamos perdiendo las ganas de seguir luchando, de seguir levantándonos. Parece que ahora no somos capaces de ignorar los rasguños de las rodillas, parece que ahora nos echamos continuamente en cara por qué no íbamos andando o por qué no vimos la piedra que estaba delante nuestra.
Pero qué más da ahora no haber visto la piedra si ya estás en el suelo. Puedes seguir lamentándote o poner la rodilla en el suelo y seguir caminando o corriendo, pero viviendo la vida, sin prisas por seguir avanzando.
Continuamente queremos que llegue un día o un momento concreto: "ojalá acabe ya esta semana", "ojalá llegue ya el día 9". ¿Pero qué pasa con los momentos intermedios? ¿No hay o qué? De esos también hay que disfrutar, de las pequeñas peleas, detalles, de los lo siento, de los todo irá bien, de las sonrisas, de los besos.
Dejémonos de torturar y vivamos de una vez, que nada volverá nunca a ser como antes pero no por eso hay que pararse y dejar de caminar. Vamos, no mires las heridas de las rodillas y cúratelas, sigue andando.

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