Dame la mano y abrázame, dime que todo estará bien.

¿Hay alguien ahí? No, otra vez no hay nadie. ¿Y qué hago yo ahora? No sé cómo seguir, no sé volver, no sé estar sola.
No soy capaz de superar a los problemas, es más, todo lo contrario, me acaban superando. Por qué, explícamelo.
Quiero cerrar los ojos y que, cuando los abra, todo esté bien, que no haya más errores y volver a empezar, de cero.
Como si nada hubiese pasado, como si ningún daño hubiese hecho. Pero todo eso ha ocurrido, y no sé cómo arreglarlo. Quizá no se pueda. Quizá todo esté acabado, creo que incluso yo también.
Qué bonito debe ser levantarte todos los días con pensamientos optimistas y con ganas de vivir.
Qué bonito debe ser feliz.
Qué bonito debe ser que siempre haya alguien que te ayudase con todo.
Quizá ese ha sido mi problema, que siempre me he dejado en otros, he dejado que luchasen por mí, he dejado que se llevasen las pesadillas y los malos sueños. Les dejé. Pero ahora no sé qué hacer.
Yo no sé cómo hacerlo, los problemas son cada vez más grandes y cada vez hay más, y no soy capaz de solucionarlos. Las pesadillas vienen cada noche y no sé qué hacer para que se vayan. No sé cómo seguir luchando, pero contra qué. ¿Contra mí misma? ¿Contra quién?
No sé si es mejor que venga alguien y me ayude y todo vuelva a ir bien, o que no venga nadie y que siga todo así, como ha ido siempre.

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