Escríbelo.

Escribí para desahogarme, para soltar todas aquellas palabras que estaban atrancadas en mi garganta y no me dejaban respirar.
Quizá necesitaba soltarlas.
Quizá era necesario obligarlas a salir, unas veces más despacio y otras tan rápido.
Tan rápido que no te da tiempo a agarrarlas antes de que sean dichas, antes de que el otro las escuche.
Y no me digas que no es bonito leer.
Ver cómo otro ha contado esas palabras que de tan dentro de él salen. Tan dentro de sí mismo.
Porque la gente escribe porque quiere, pero a veces es necesario.
Porque quizá algún día el nudo sea demasiado grande, tan grande que te acabe destrozando por dentro.
Qué bonito sería escribir cosas dulces, alegres.
Dime, pero para eso no sería necesario, ¿no?
Si tú escribes algo alegre, no era necesario que lo escribieses. No has necesitado echar a las palabras atrapadas en tu garganta. Que eran tímidas y con miedo de no ser escuchadas, quizá por eso se escribían.
Dime, cómo escribir con una sonrisa en la cara.
Si eres feliz, no escribes.
Si eres feliz, vives.
Porque por algo lo dicen, que uno escribe para no morirse.
Dime, tú qué crees. Yo creo que sí.
Bonitas palabras que salen desde lo más dentro de ti, para gritar, para que las escribas, para ser feliz.
Pero quizá si eres feliz, no escribirías así.
No entiendo nada, dirás o pensarás.
Escríbelo, creo que no hay cosa más bonita que eso.

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