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Mostrando entradas de octubre, 2014

Por favor, sigue.

Y el viento me alborotaba el pelo pero me daba igual. Si no, lo harías tú, o me cogerías por detrás abrazándome por la cintura.
Me giraría y te besaría.
Y me susurrarías te quiero como tantas otras veces.
Y yo sonreiría hasta que me doliese como tantas otras veces.
Qué bonitos son esos momentos en los que te ríes hasta que no puedes más y de verdad estás disfrutando de la vida.
De esa vida que tienes que aprovechar porque sólo hay una.
Qué más da, por favor, vívela.
Y no te arrepientas de nada porque ya lo has hecho, sólo continúa. Y siempre hacia delante.
No mires atrás.
Por favor, sigue. No pares.
Anda o corre, da igual.
Pero quizá anda mejor, ve despacio, aprovechando cada momento, lento.
No tengas prisa, camina.
Respira y ríe como nunca lo has hecho.
No llores, por favor.
Eres fuerte.
Y sé que puedes.

Dímelo, sólo trato de entendernos.

Me agarro demasiado pronto a las personas.
Me agarro demasiado rápido y demasiado fuerte.
Me cuesta dejar que se vayan, pero qué puedo hacer si quieren hacerlo.
Nada, solamente ver cómo poco a poco se alejan, menos 'hola, qué tal', sin miradas y sin sonrisas.
Dime, ¿dónde se quedaron nuestras pequeñas tonterías?
No sé si se quedaron en algún lado, pero te las llevaste.
Te has llevado tantas cosas, tantas que ni siquiera te pertenecen.
Te has llevado parte de mí, quizá también fuese culpa mía por entregártela.
Pero cómo no hacerlo cuando me mirabas y me sonreías de esa manera.
Dime cómo eres capaz de destrozarme, de dejarme aún sabiendo lo que te quiero.
Por favor, dímelo.
Hago lo posible por entenderte, por entederlo, por entender qué pasó.
Pero no lo consigo.
Sólo sé que echo de menos tus caricias repentinas, cuando me pasabas el mechón de pelo por detrás de la oreja o me alzabas la barbilla y me besabas suavemente.
Dónde dejamos esos momentos.
La verdad es que no sé dónde es…

Escríbelo.

Escribí para desahogarme, para soltar todas aquellas palabras que estaban atrancadas en mi garganta y no me dejaban respirar.
Quizá necesitaba soltarlas.
Quizá era necesario obligarlas a salir, unas veces más despacio y otras tan rápido.
Tan rápido que no te da tiempo a agarrarlas antes de que sean dichas, antes de que el otro las escuche.
Y no me digas que no es bonito leer.
Ver cómo otro ha contado esas palabras que de tan dentro de él salen. Tan dentro de sí mismo.
Porque la gente escribe porque quiere, pero a veces es necesario.
Porque quizá algún día el nudo sea demasiado grande, tan grande que te acabe destrozando por dentro.
Qué bonito sería escribir cosas dulces, alegres.
Dime, pero para eso no sería necesario, ¿no?
Si tú escribes algo alegre, no era necesario que lo escribieses. No has necesitado echar a las palabras atrapadas en tu garganta. Que eran tímidas y con miedo de no ser escuchadas, quizá por eso se escribían.
Dime, cómo escribir con una sonrisa en la cara.
Si eres …

La lluvia golpeaba contra mi ventana.

La lluvia golpeaba contra mi ventana, cada vez más fuerte; pero yo no quería que entrara.
Tú llamabas a mi puerta, cada vez una llamada más desesperada; y quizá tampoco quería que entraras.
Quizá te echaba de menos.
Quizá ya no te necesitaba.
No lo sabía y puede que no quisiese saberlo.
Una hora, dos horas. Seguías insistiendo, pero cada vez con menos intensidad.
Cada vez con menos ganas de que te respondiese.
Cada vez querías irte cuanto antes.
Y oh, lo acabaste haciendo.
Te fuiste, yo iba a abrirte, pero quizá ya fuese demasiado tarde.
Justo en ese momento te abrí la puerta.
Te abrí, quería que entraras, pero tú ya no querías pasar.
Te abrí y vi cómo te ibas, lentamente, poco a poco, pero sin mirar atrás.
Quizá no debería dolerme tanto.
Pero poco a poco me iba rompiendo.
Unos rasguños que cada vez se iban haciendo más grandes.
Tan grandes que se acabaron tocando unos con otros hasta romperme y sacudirme por dentro.
Pero por fuera no se veía nada.
Quizá eso era lo que pretendía.
Pued…