Disfrutemos.

Mira el mar,
la marea,
las olas,
la luna,
la noche,
el atardecer,
el paisaje,
míralo bien,
y disfruta de él.

Mira las olas,
cómo suben,
cómo bajan,
cómo arrastran todo,
y cómo algunas cosas,
las acaban devolviendo.

Son bonitas, ¿verdad?
Con esa calma,
con esa tranquilidad.
Suben y bajan,
arrastran y devuelven,
no se cansan,
nunca paran.

Centrémonos ahora en el Sol,
cómo se desvanece,
y cómo aparece,
siempre lo hace.
A veces más pronto,
y a veces más tarde.
Cómo nos ilumina,
cómo da la vida,
cómo brilla,
siempre brilla.

Ahora va la Luna junto a las estrellas,
las principales en la noche,
lo único que miras,
sentada en el coche.
Preciosas, ¿verdad?
Cómo unas brillan más que otras.
¿Por qué será?

Hay cada pequeño detalle en la naturaleza,
cada cosa que no apreciamos,
no lo hacemos,
total, ¿para qué?
Si siempre lo vemos, estamos acostumbrados.

Es verdad, es mejor fijarse en una pantalla del móvil,
es mejor hacer otras tantas cosas, ¿verdad?

Una pena que no disfrutemos de la vida,
una pena que no apreciemos la belleza,
una pena que desperdiciemos el tiempo y a la naturaleza.

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